EL DIVORCIO, Cuento para niños cuyos padres se separan

Autoras: K. Bartkowiak, N. Harmak, D. Jamroża, E. Rączka.

Estimados padres y madres:
Mi nombre es Antonina, pero desde que era pequeña todos me llaman Tosia. Quiero contaros una historia que me ocurrió cuando tenía más o menos la misma edad que vuestros hijos, sobre como mi familia, de repente, dejó de existir.
Han sido unos momentos muy difíciles de asumir dada mi corta edad, en ese momento experimenté todas las emociones negativas que conozco. Estaba triste, enfadada, pero la mayoría de las veces estaba simplemente aterrorizada. Me daba vergüenza reconocer ante mis amigos que mis padres ya no estaban juntos. Por eso, con frecuencia, mentía, chillaba, lloraba y me encerraba en mi mundo.


Me surgían un montón de preguntas: “¿Por qué pasa esto precisamente a mi familia?”, “¿Será por mi culpa que mis padres ya no se quieren?”, “¿Volveré a ver a mi padre?”, “¿Alguna vez sonreiré de nuevo?”
Mis amigos me ayudaron a comprender, que a veces los padres se separan, pero no por ello dejan de querer a sus hijos. Desgraciadamente no pudieron quitarme el sentimiento de culpa, ni tampoco pude dejar de extrañar, sentir reproche o impotencia.
Quiero compartir con vosotros mis sentimientos de aquellos días, porque es más que probable que ahora mismo los esté experimentando vuestro hijo.
Queridos padres, cuando dejáis de quereros, intentad respetaros mutuamente, sin vosotros, este maravilloso ser que es vuestro hijo, no existiría.
Dejáis de ser marido y mujer, pero el resto de vuestra vida seguiréis siendo padres, las personas más importantes en la vida de vuestro hijo.
¿Sabéis lo que más esperaba de mis padres en estos momentos? Amor, seguridad, respeto, pero, sobre todo, que me explicasen que es lo que estaba pasando en nuestra casa.
Preguntad a vuestro hijo si es eso lo que necesita ahora mismo...

 

El principio de este otoño era especialmente bonito y bueno. Cuando me desperté aquel día, sobre el cual te quiero hablar, el azul del cielo no estaba cubierto por ninguna nube.
El sol calentaba vagamente, sus rayos hacían brillar las gotas del rocío en las otoñales flores de nuestro jardín. El viento cálido arrojaba sobre la hierba las primeras hojas doradas del castaño que, cayendo, bailaban con hermosura en el viento. Enfrente de la casa, el jardín estaba incendiado por los colores del otoño: rojo, amarillo, verde, naranja y el viento acunaba con suavidad las ramas de los árboles frutales. Detrás del viejo roble se halla un camino hacia una pequeña casita de madera con contraventanas verdes y un techado inclinado de color amarillo. Era muy humilde, pero tenía su encanto. Precisamente en esta pequeña y acogedora casita vivía mi familia, desgraciadamente ya no completa…

Mis padres llevaban una vida tranquila y yo era feliz, me sentía querida. Me gustaba mirar cuando mi madre abrazaba a mi padre, como se reían y hablaban con ternura. Siempre hacían todo junto. Me encantaba cuando mi padre obsequiaba a mi madre con flores y regalos.
Todas las mañanas nos sentábamos a desayunar juntos después de lo cual papá abrazaba y besaba a mamá… a mí, me acariciaba la oreja y decía – Toña pórtate bien, estudia mucho y haz caso a mamá. A menudo íbamos al parque y después nos tomábamos helados de fresa, nuestros preferidos.
Lo que más me gustaba era pasar tiempo en mi habitación que era muy grande y luminosa, dominada por el color rosa pálido. La ventana estaba invadida por los rayos del sol, los cuales, al reflejarse en los diamantes de la pantalla de la lámpara, iluminaban miles de colores en las paredes en un movimiento parecido al baile. En el suelo se extendía una enorme alfombra tan mullida que parecía un papá oso durmiendo la siesta.


En este precioso día de otoño no había señales de que dentro de poco pasaría algo malo. Como siempre, mi mamá vino a recogerme al colegio, pero esta vez estaba muy nerviosa y con la cara de haber llorado y me dijo - ¡Toña, ve rápido a cambiarte los zapatos que nos vamos!
-¿Mamá, que ha pasado? ¿Por qué lloras? – pregunté preocupada.
-Cariño, simplemente me duele la cabeza – enseguida respondió mi madre.
-¿Entonces por qué estás tan triste?
-Toña, deja de hacerme preguntas y entra rápido en el coche!- respondió nerviosa.

No entendía nada, pero presentía que había pasado algo horrible. Me sentía aterrada.
Durante todo el camino hacia casa estaba observando a mi madre, ella de vez en cuando se sorbía los mocos, pero no estaba resfriada. Estaba llorando.
Quise consolarla de alguna manera entonces, le pregunté si le podía contar cómo me ha ido hoy en el cole. Me contestó nerviosa que mientras conducía no debía molestarla. Eso me preocupo aún más. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero si todos los días mi mamá me preguntaba por el cole. Solía hacerme preguntas: ¿Con quién has jugado? ¿Qué has hecho hoy? ¿Habéis salido con la clase a pasear? ¿Qué te han puesto en el comedor? ¿Tienes alguna nota nueva?


Salí del coche muy triste y, sin entender lo que estaba ocurriendo me fui directa a mi cuarto. Mamá se quedó en la cocina y se puso a cocinar. Me sentía incapaz de hacer cualquier cosa, ni siquiera estudiar o jugar. Tumbada en la cama miraba por la ventana. Pasó un rato y se escuchó el ruido del motor del coche papá. Cogí los dibujos que hice en el colegio y salí corriendo de la habitación para poder enseñárselos a mis padres. Pero cuando me asomé a la escalera, me di cuenta de que mis padres estaban discutiendo. Me sentí invadida por la tristeza. No me gusta nada cuando mis padres se gritan. Muy nerviosa bajé rápidamente las escaleras y empecé a enseñarles mis dibujos, con la intención de que cambiasen de tema.

 

Papá muy nervioso me gritó - ¡Muy bonitos los dibujos, pero no es el momento! ¡Estoy hablando con tu madre!
-Tú no estás hablando – dije tímidamente en voz baja pero después con más fuerza añadí:
¡Estáis discutiendo! ¡Siempre estáis discutiendo, ya no me queréis! Me tapé los oídos y empecé a llorar.
-A pesar de los oídos tapados escuche la voz de mamá que me decía:
-Toña, cariño, claro que te querremos y siempre te vamos a querer.
-Quite las manos de las orejas y pregunté enfadada:
-¿Qué significa el divorcio?
-¿Dónde has oído esta palabra?- me pregunto papá todavía muy nervioso.
-Tú has dicho que querías el divorcio, lo he oído todo.
-Te lo explico luego pero ahora quiero terminar de hablar con mamá. Vete a jugar al jardín.


No reconocía a mi papá. Era tan frío y distante. Salí de casa y me senté en las escaleras. Estaba muy triste y no me sentía querida. Hasta nuestro precioso jardín pintado de otoño ya no me parecía gran cosa. Mis ojos se llenaron de lágrimas y empezaron a caer primero sobre mis mofletes, luego sobre mi cuello para acabar en mi vestido… Y entonces pensé en Timoteo, él siempre sabía que hacer frente a un problema. Entré en el jardín, por donde estaba paseando mi sabio amigo. Cuando le vi, me acerqué corriendo hacia él y le dije con una voz muy triste:
-Timoteo, querido amigo, ha pasado algo terrible. - casi no pude aguantar las lágrimas.
-Toña, ¿Qué ha pasado? – preguntó la mariposa muy preocupada.
-Yo…, yo… – no pude decir ni una palabra- no entiendo nada… Mi mamá estaba llorando.
No sé si le dolía la tripita, pero creo que no, porque hasta cuándo se encuentra mal siempre está cariñosa y habla conmigo. Pero hoy no quiso hablar conmigo, solo estaba llorando. Papá tuvo una discusión muy fuerte con ella y habló de algún divorcio. ¿Por qué nada es tan fácil como antes? – se lo conté todo muy rápido, sin pausa - ¡Me siento muy mal por todo esto, no quiero que sea así! - grité - Cuando estoy sola con mamá o con papá todo es tan bonito, pero cuando estamos todos juntos cambia todo, mis padres discuten o no se hablan.
-Timoteo me escuchó con atención y cuando terminé dijo muy seriamente:
-Verás Toña, tus padres a pesar de que discuten entre ellos, te quieren muchísimo. Hasta cuando están tristes o preocupados, también te quieren mucho. No lo olvides.
-Timoteo, ¿por qué los padres de mi amiga Jagoda no discuten nunca, y los míos discuten cada vez más?
-Tal vez sus padres se llevan mejor por tener más cosas en común. - respondió mariposa muy pensativa.
-¿Y qué significa un divorcio? – pregunté.
-Es una pregunta muy difícil Toña. Un divorcio significa, que tus padres han decidido dejar de vivir juntos, porque ya no se llevan bien, pero eso no significa que no puedan tener una relación amistosa.
Me quedé de piedra. No era capaz de decir ni una sola palabra. El único que pensé era:
¿Cómo qué vamos a vivir separados? ¿Quién? ¿Cuándo? Y no sé cuánto tiempo me quede así, al final pregunté:
-¿Timoteo, se divorciaran también de mí?
-No Toña, de ti no se divorciaran nunca, tus padres te quieren demasiado. El padre que se muda de casa, normalmente viene de visita para poder pasar tiempo con sus hijos.
No pude hacer nada con todo lo que sentía. Estaba triste, aterrorizada y enfadada. Las lágrimas se me caían por mis mofletes como ríos. Entonces, oí como me llamaba mi mamá.
-¡Ya voy mamá! – grité.
-Ve Toña y pide a tus papás que te lo expliquen todo - dijo Timoteo.
-Entré en casa muy triste y con la cabeza gacha.
-¿Toña, qué pasa? – pregunto mi mamá cuando me vio.
-Ven aquí y hablamos. Siéntate sobre mis rodillas – dijo papá y cuando me senté, me abrazó tan fuerte, como si quisiera decirme con esto, que soy su mayor tesoro.
-Toña – dijo papá- hemos decidido juntos con mamá, que nos vamos a separar y que viviremos en casas distintas. Yo me mudaré a una casa cerca de aquí y cuando quieras podrás visitarme. Y los fines de semana, como siempre, te voy a llevar a tomar tus helados favoritos. - Sonrío tristemente, y sus ojos se llenaron de lágrimas - También, de vez en cuando, te recogeré del colegio, acordándolo antes con mamá. Todas las fiestas las pasaremos juntos, te lo prometo Toña - papá volvió a abrazarme con mucha fuerza y me besó tiernamente.
-¿Papi, pero por qué te tienes que ir? ¡Yo no quiero! ¡No quiero!- todo mi mundo se cayó de golpe.
-Toña, te prometo que siempre estaré contigo, cuando me necesites ¿Me oyes hijita?
-Ahora todos estaban llorando.
-Mami, ven aquí y abrázame – le pedí entre lágrimas.
-Mi querida Toña, será tal y como lo dice papá. No te preocupes tanto. Todo irá bien.
-Ya no digas más, solo abrázame.- otra vez le pedí.

Estuvimos así sentados todos juntos un rato largo. Entre los brazos de mamá sujetaba a papá de la mano. Después de un rato, dejé de llorar y mamá nos preparó una infusión caliente y la tomamos en silencio. Nadie cenó, parece que nadie tenía hambre. En este momento cuando nos encontrábamos sentados alrededor de la mesa, entendí que estos momentos son los más preciados en mi vida, porque todos estamos juntos, sin prisas y sin discutir. Me alegré de que mamá estuviera más tranquila y papá la trataba con más amabilidad. Sabía que eso no significa que seguirán juntos. Demasiadas veces me han repetido que seguirán como amigos, pero antes no lo entendía. A pesar de la tristeza que sentía en mi corazoncito, estaba contenta, porque sabía que ni mi mamá ni mi papá no se divorciarían de mí pese a no vivir juntos.

 

Jose Medina

Psicólogo jurídico y forense, Colaborador del Centro de Psicología Clínica Sara Navarrete