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Cómo dejar a tu pareja sin hacerle daño
Este es uno de los temas más difíciles a los que se puede enfrentar una pareja, y en concreto, para la persona que toma la decisión, es una situación muy estresante y angustiosa. Siempre recomiendo a mis pacientes que ante la duda, intenten dialogar con sus parejas, hablar de sus sentimientos e intentar encauzar la relación, pero sin embargo, si la persona ha meditado mucho, lo tiene muy claro y quiere finalizar la relación, por honestidad, por salud y por buena voluntad, hay que hacerlo cuanto antes.
Ahora bien, no todo vale, hay que hacerlo bien y dedicarle el tiempo y el esfuerzo que la relación y la otra persona se merecen.
Si tienes claro que no quieres continuar la relación porque te has desenamorado, porque no sientes lo mismo que antes, quizás porque ves que la relación no tiene futuro, porque quizás vivís en lugares distintos y no podéis cambiar, porque no compartís los mismos planes de futuro, o incluso quizás has conocido a alguien con quien te estás ilusionando y puede ir más allá de una amistad, etc. Si por alguna de estas cuestiones o las que sean, estás completamente segur@ que no quieres continuar la relación, lo mejor es que reflexiones y dediques un tiempo para apuntar tus reflexiones, sobre todo, los aspectos positivos que han surgido de la relación, los aspectos positivos de la otra persona, y los aspectos positivos de un nuevo futuro. Esto te ayudará a encaminar la difícil conversación que tienes que afrontar para romper con tu pareja. Si quieres causarle el menor daño posible, siempre tenemos que acometer este tipo de situaciones desde el positivismo.
El cuaderno de notas
Intenta anotar en tu cuaderno todo lo positivo que te ha dado la relación, y dejar a un lado los reproches. No intentes justificar tu ruptura por los errores de la otra persona. En este momento tan delicado, no sirven de nada, incluso son contraproducentes porque pueden desencadenar la ira. Anota tus sentimientos, habla de lo que te ocurre a ti, para que la otra persona te pueda entender pero sin echar las culpas, sino de cómo han ido cambiando los sentimientos, o si tienes angustia, o si ya no te apetece hacer determinadas cosas, y sin embargo te apetece hacer otras, etc.
Soy Gay, ¿es mejor decirlo a mi entorno social?
Afortunadamente vivimos en una sociedad y en concreto un país en el que se ha avanzado mucho en cuestión de libertad en la orientación sexual. Sin embargo, a nivel social, aunque todas las personas tengamos los mismos derechos, todavía tenemos que pelear por la igualdad real, ya que nuestra sociedad tiene aspectos culturales que hay que superar para que todas las personas independientemente de su orientación sexual se sientan libres y no cuestionadas por los demás.
Aunque los medios de comunicación, las redes sociales, y la educación, inciden en la tolerancia e igualdad, es cierto que ciertos ámbitos de nuestra cultura a veces no son abiertamente tolerantes, y es necesario seguir luchando en este sentido.
Aunque la libertad en este sentido es un derecho, es cierto que en el día a día, por ser ya no sólo homosexual, sino también bisexual o transexual, muchas personas tienen que enfrentarse a malas caras, insultos, sentirse incomprendidos, o no aceptados por una parte de la sociedad. Bien es cierto que esta tendencia poco a poco se va revirtiendo, pero es gracias al trabajo de todas las personas que se esfuerzan para que se visibilice el problema, para que se apliquen los derechos de forma correcta, personas que se esfuerzan por construir una sociedad más libre y más justa.
Desde un ámbito psicológico, en nuestra consulta, he atendido a algunas personas que debido a su orientación sexual sufrían ciertos problemas por no ser capaces de asumirlo o por tener que enfrentarse a un entorno social intransigente, cuestión que les causaba estrés, ansiedad, trastornos de sueño, etc., y que les impedía hacer una vida normal y en libertad. En primer lugar, en estos casos, yo incido en mis pacientes en que lo primero es abordar las cuestiones que dependen de sí mismos. Porque en muchas ocasiones sí que vamos a poder transformar nuestro entorno, pero en otras ocasiones, no será posible y por ello, lo importante es que la autoestima de la persona esté fuerte y pueda hacer frente a todas las dificultades que le puedan sobrevenir.
Cómo vencer la monotonía en la pareja
La sombra de la monotonía es algo que siempre preocupa a las parejas que ya llevan unos años y que tienen unas rutinas y un día a día marcado por lo establecido. Como psicóloga, os digo que es algo completamente normal que preocupe y que incluso se instale en la vida de una pareja. Es normal porque a medida que vamos madurando y formando una familia, las obligaciones laborales y familiares nos abocan a dar más prioridad al resto de cosas y nos acomodamos pensando que la pareja siempre va a estar fuerte, unida y estable sin dedicarle tiempo y esfuerzo. Y claro, es no es cierto. Tenemos que dedicarle tiempo y esfuerzo, no sólo por la idea de pareja, si no porque al final, de lo que se trata es de prestarse atención a uno mismo y a la otra persona, con la que compartes tu vida, y mostrarle que la quieres.
A medida que nos vamos conociendo, también conocemos los silencios, y creemos conocer los pensamientos del otro, su carácter, en definitiva, vemos a la persona predecible porque en nuestra mente creamos un patrón de comportamiento de ella. Sin embargo, tenemos que entender que somos personas que maduran, cambian, evolucionan, al igual que nuestro entorno y sociedad, por lo que a veces, aunque pensemos que estamos viviendo en el día de la marmota, no es así, es todo lo contrario, estamos en constante evolución. Hay personas a las que por su carácter, su inmovilismo, su actitud ante la vida, les dan miedo los cambios y se aferran a su rutina, obviando las pequeñas diferencias diarias, quedando anclados en su pasado. Sólo tenemos que salir al exterior, movernos, hacer actividades, buscar retos, etc., para que nosotros mismos no nos convirtamos en algo estanco y por tanto lo extrapolemos también a nuestra vida de pareja.


