Hemos recibido tu consulta. ¡Gracias!
Síguenos en nuestras redes sociales:
¿Cómo superar un ataque de pánico en 10 minutos?
Un día estaba en la farmacia esperando mi turno y había una chica delante de mí que le comentó a la farmacéutica que tenía mucho dolor de estómago, que tenía una sensación como de tener el estómago cerrado, y creía que había cogido un virus o algo similar y le preguntó a la farmacéutica si le podía dar algún protector de estómago o algún medicamento de ese estilo. Entonces la farmacéutica, muy sabiamente, le comentó a la chica, y ¿si quizás lo que tienes es ansiedad? En ese momento, la chica se quedó inmóvil, muy pensativa, y daba la sensación que estaba repasando la vida que había llevado durante los últimos tres o cuatro días, y su cara era de perplejidad, porque nunca había tenido esos síntomas, ni podía relacionarlos con otra cosa que no fuera puramente física. Parecía asombrada y al mismo tiempo aliviada y preocupada, porque podía poner nombre a lo que le estaba ocurriendo, pero sin embargo, al ser la primera vez que le pasaba no sabía cómo actuar. Enseguida la farmacéutica, le dijo que no se preocupara, que de momento, no se tomara nada, que se fuera a descansar, y a que la cuidasen un poquito en casa, y que si al cabo de unas horas, seguía encontrándose mal, que acudiera al médico.
Yo también me quedé muy pensativa, porque me recordó a muchos de mis pacientes, cuando acuden a mí, después de mucho peregrinar y después de descubrir, y otros muchos casos sin descubrir, lo que les ocurre.
Estos episodios de ansiedad, en muchas ocasiones, desembocan en ataques de pánico mucho más agudos y extremos, y que son difíciles de manejar para muchas personas.
Ante todo, la calma, la tranquilidad y el hecho de saber lo que te está pasando, es lo que hace que puedas superarlo. En España, según varios estudios realizados, alrededor del 10% de la población adulta ha sufrido alguna vez un ataque de pánico o de ansiedad. Normalmente estas crisis activan un sistema de alarma extrema. Detrás de esas crisis puede haber muchos factores, muerte de un familiar, una noticia trágica, un suceso traumático, incluso puede ser el culmen de un período en el que se ha soportado mucho estrés, o se ha llevado en silencio una carga muy fuerte, etc.
¿Sufro depresión? Carta de una paciente
Hace unos días, viendo el programa de Salvados de La Sexta, que trataba sobre la depresión, recibí un mensaje de whatsapp de una pareja de pacientes que acudieron a mi consulta hacía ya un tiempo. Ellos también estaban viendo el programa, y les hizo recordar una etapa traumática de su vida, que afortunadamente acabó con final feliz gracias a su fuerza y constancia.
Me escribieron una carta llena de emoción, verdad y valor, que hoy quiero compartir con vosotros.
Estoy muy orgullosa de poder ayudar a personas a salir adelante, a poner nombre a las enfermedades, a tratarlas y vencerlas.
La depresión nos puede abordar a cualquiera, y es una enfermedad muy silenciosa, muy sigilosa, que en muchas ocasiones, cuando empieza a ser visible y nuestros familiares comienzan a ver cosas raras, se encuentra ya en una fase muy avanzada. La depresión puede hacernos perder peso sin motivo aparente, y vernos más y más delgados y no saber lo que nos está ocurriendo. Muchas personas no entienden lo que les está ocurriendo, ni pueden ser conscientes de la enfermedad.
Gestionar la exigencia sobre la educación de tus hijos
A raíz de una paciente que tuvimos en nuestra clínica, me interesé sobre este tema, y he querido profundizar sobre esta temática, por que es curioso que nuestra cultura actual es considerada como laxa por muchos expertos, que apuntan que se está perdiendo la cultura del esfuerzo, que se debate constantemente nuestro modelo educativo y se tacha de demasiado flexible. También se cuestiona la calidad de la enseñanza y en general algunos apuntan que vivimos en una sociedad basada en la inmediatez, la falta de límites, y que cultiva poco la paciencia, el esfuerzo, la exigencia, etc.
Bueno, esto es lo que se piensa desde una cierta parte de la sociedad, sin embargo, muchos psicólogos y pedagogos apuntan que de puertas para adentro, muchas familias cultivan la exigencia hacia sus hijos, algo que si se convierte en exceso, sobre todo en el ámbito académico de los padres hacia los hijos, puede estar detrás de muchas de las visitas a nuestras consultas de psicología. El nivel de exigencia de los padres hacia los hijos es algo que forma parte de nuestra sociedad y que en un momento dado de nuestras vidas necesita una reflexión, y pararnos a pensar si lo estamos haciendo bien, o estamos exigiendo demasiado a nuestros hijos.
¿Cómo son los padres demasiado exigentes?
Los padres demasiado exigentes presionan a sus hijos para que constantemente estén esforzándose en busca de un objetivo impuesto. También se identifican por estar constantemente diciendo a los hijos lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Corrigen errores de los hijos incidiendo en los aspectos negativos, y si felicitan por los logros hechos por los hijos, les recuerdan que tienen que mejorar y seguir trabajando. Los niños, cuando son pequeños pueden ser muy obedientes para complacer a sus padres, pero pueden derivar en personalidades con poco criterio y poca autonomía porque están acostumbrados a que alguien les diga lo que tienen que hacer en cada momento.
También es cierto que en personalidades fuertes y con buen rendimiento, los niños pueden llegar a desarrollar una faceta perfeccionista que les ayude a alcanzar metas elevadas, pero siempre hay que ser consciente de la voluntad del niño, de su capacidad y motivación.



