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Cuando tenemos una persona dependiente a nuestro cargo. El papel de la psicología

Cuando tenemos una persona dependiente a nuestro cargo. El papel de la psicología

Algunos de vosotros me habéis contactado en un momento dado, preguntándome sobre este tema, y quería escribir al respecto pues es un tema al que nos enfrentamos día a día en la mayoría de familias. En España en concreto hay más de 600.000 personas con algún grado de dependencia.

Ya sea en el caso de nuestros padres cuando se hacen mayores, o sufren una enfermedad, o en el caso de hijos también con ciertos niveles de dependencia. Las personas que ejercen el papel de cuidadoras se enfrentan desde el principio, a un camino difícil, lleno de sentimientos encontrados y yo diría, que es un camino de peregrinaje, del que partimos desde un punto y por el cual transitamos, generalmente descubriendo estados y facetas de nuestra personalidad que nos humanizan y nos hacen mejores personas.

El papel de cuidador es muy importante y sin embargo, muchas veces las personas cuidadoras quedan relegadas a un segundo plano tras la persona cuidada, que es la que recibe los cuidados y atención.

¿Pero, quien cuida al cuidador? Ciertamente, en multitud de ocasiones, he visto como personas cuidadoras se desvivían de tal manera por la persona dependiente, que perdían la perspectiva sobre ellos mismos, y en muchos casos, han sido reacios a comenzar un tratamiento personalizado porque generalmente alegan que no lo necesitan. Nada más lejos de la realidad. Por norma general, sí que lo necesitan y mucho. Si estás al frente del cuidado de una persona dependiente, lo primero que has de cuidar, es a ti mism@. Para que la persona dependiente esté bien, tú también tienes que estar bien.

Vamos a ver algunas de las circunstancias que pueden darse y cómo combatirlas.

El síndrome del cuidador

El síndrome del cuidador es un trastorno que aparece sobre la persona que cuida a la persona dependiente y que generalmente presenta agotamiento psíquico y físico. Aparecen episodios de estrés de intensidades variables, todo ello generado por el hecho de enfrentarse a una situación nueva que requiere un gran esfuerzo físico y psicológico y que además ocupa las 24 horas del día.

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¿Eres demasiado exigente contigo mism@?

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¿Buscas siempre que las cosas y las situaciones sean perfectas? ¿Te molesta que los demás tengan defectos, y te frustras cuando no puedes cambiarlo?

Bueno, entonces te diría ¡Bienvenido al club de los muy exigentes! Siempre he dicho que ser exigente no tiene porqué ser un problema, al contrario, es una gran virtud. La exigencia con nosotros mismos nos ayuda a ser mejores personas, mejores profesionales, mejores padres, mejores hijos, etc., …pero siempre y cuando conozcamos nuestros límites y sepamos manejar nuestro nivel de exigencia con prudencia y siendo realista.

He tratado casos en los que la desmesurada exigencia con uno mismo y lo que es también muy complicado, con los demás, crea un gran problema no sólo con la persona y con su «yo interior», sino, con su entorno, ya sea su pareja, sus hijos, sus padres, sus amigos, etc.

Reflexiona un poco conmigo, y dime si te frustras cuando los demás no hacen las cosas como tú habías pensado, o cuando las acciones de los demás no salen como habías previsto y te afectan negativamente. Por ejemplo, imagínate, que tú eres muy puntual, y has quedado con tu pareja para ver un espectáculo de teatro que tienes muchísimas ganas de ver desde hace mucho tiempo, es la última función, tienes las entradas, estás esperando a tu pareja en la puerta del teatro y…no llega, no llega, no llega, y cuando finalmente llega, se ha cerrado la sala, y ya no se puede entrar…..¡ayyyy! en ese momento es normal que te enfades, que estalles, y que te frustres porque si no hubiera sido por tu pareja, tú hubieras entrado y ahora estarías viendo tu obra favorita….

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Me siento vacío, 10 consejos para llegar a ser la persona que quieres ser.

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¿Miras para atrás y te das cuenta de que los últimos años no has hecho realmente lo que querías? ¿Te sientes como que has perdido el tiempo? ¿Te gustaría llegar a hacer cosas chulas, pero te puede la pereza, el esfuerzo, el miedo, etc?

Parece un tópico, y algo que repetimos hasta la saciedad, pero es que es ¡¡¡verdad!!! “El que algo quiere, algo le cuesta”. Nuestra sociedad en la actualidad está viviendo cambios muy rápidos e importantes en la manera que tenemos de enfrentarnos a las decisiones y la vida en general. La era de la información, la inmediatez, produce cambios en nosotros, que yo misma he experimentado desde que era pequeña hasta ahora. O si nos remontamos a un siglo atrás, sin teléfonos, sin coches…, la concepción del tiempo, de la paciencia, del esfuerzo, era muy distinta a lo que es ahora. Estamos perdiendo paciencia, estamos perdiendo capacidad de esfuerzo, estamos perdiendo concentración.

Los mensajes, las llamadas, las redes sociales, el trabajo, los impuestos, los seguros, los coches, las casas…, a nuestro alrededor orbitan decenas de ideas, preocupaciones, ruido, interferencias, que nos alejan de la concentración que necesitamos para tomar las decisiones que realmente queremos. A veces elegimos lo fácil, lo cómodo, quedarnos mirando la tele, navegando por internet, o perdernos por Facebook, y demás, y dejamos para otro momento nuestros deseos más motivadores, que se apagan y se quedan latentes esperando a salir cuando tengan otra oportunidad. Algunos de mis pacientes, me comentan que se le pone un nudo en el estómago, porque quieren hacer cosas, pero que siempre acaban sin hacerlas, y eso les crea frustración e insatisfacción.

Voy a darte 10 consejos para que pongas en práctica y te ayuden a ser la persona que quieres ser.

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