Hoy me gustaría hablaros de la Felicidad. Despedimos el año 2017 y comenzamos el 2018 deseándonos feliz y próspero año nuevo. La navidad y el nuevo año es una época propicia para activar en nosotros los buenos deseos y la voluntad de ser mejor persona. También es una época de esperanza para aquellos que están sufriendo o que necesitan un cambio, y que ven en el comienzo del nuevo año la oportunidad para cambiar el rumbo de sus vidas. Es un buen momento para nuevos propósitos y tenemos que aprovecharlo si nuestra intención es la de transitar nuevos caminos.
El año nuevo, que surge en medio del invierno supone para muchos una luz en un horizonte plano y frío, que nos ayuda a cargar energía y seguir hacia delante. También se crea un ambiente especial de fraternidad, cariño, esperanza, sueños, ilusión, en definitiva, se ahonda en los buenos sentimientos, en las buenas acciones, y por consiguiente en la felicidad.
Cuando nos deseamos feliz año nuevo, muchas veces, lo decimos casi de forma mecánica, sin darnos cuenta en realidad de la importancia de nuestras palabras. Quizás cuando más estamos sufriendo por cuestiones relacionadas con la familia, por salud, por falta de recursos, o por sentimientos, es cuando más vamos a apreciar estas palabras de felicitación. Felicitarse el año se convierte en una manera de evocar, de atraer el espíritu de la felicidad, al nombrarlo estamos más cerca de que se convierta en realidad. Por ello, debemos ser conscientes de que en gran parte, depende de nosotros mismos el albergar el sentimiento de la felicidad dentro de nosotros mismos.
Quiero darte un buen consejo, aprovecha el comienzo el año nuevo para lanzarte a por tu sueño. Quizás lleves tiempo planteándote dar un giro a tu vida, convertirte en emprendedor/a y crear tu propio negocio. Ahora es un buen momento, ¡aprovéchalo!
Tu trabajo ocupa gran parte del tiempo de tu vida, y debe ser algo que te de satisfacción, algo por lo realmente merezca la pena luchar, y llegar a hacer un gran trabajo. Como profesional de la psicología, hoy os quiero hablar concretamente de mi profesión, para aquellos que me seguís y tenéis las mismas inquietudes que yo, los mismos estudios, y que quizás os estéis planteando dar el paso para crear una nueva empresa.
El trabajo que desempeñamos en nuestra consulta muchas veces puede resultar difícil y estresante porque tenemos que enfrentarnos a situaciones complejas que debemos tratar con mucha empatía y desde un punto de vista profesional al mismo tiempo. Un@ psicólog@ que pretenda comenzar su andadura y ejercer su profesión, tiene que estar preparad@ para gestionar correctamente sus emociones ya que nuestra labor en muchas ocasiones requiere de una preparación especial para poder afrontar los retos que nos plantean nuestros pacientes.
Además de contar con un control emocional fuerte y robusto, un/a buen/a psicólog@ tiene que estar preparad@ profesionalmente, capacitado y formado bajo las mejores técnicas de diagnóstico y tratamiento. Una persona que quiera tomar la iniciativa de crear su propia clínica, ha de tener varios años de experiencia en el sector, para contar con la mayor seguridad posible y con la experiencia suficiente que le capacite para tomar continuamente las decisiones correctas.
Es difícil de explicar pero nadie puede negar que las pantallas, ya sean de televisión, de móvil, de tablet, de consola, de ordenador, etc., generan en nosotros una increíble atracción de la cual muchas veces es difícil escapar. Las pantallas transmiten un magnetismo grandioso, por su luz, su movimientos, colores, mensajes, formas, etc. Además de que a través de ellas accedemos a un mundo paralelo donde poder ver, escuchar, pensar otras realidades o desarrollar otras habilidades.
En los últimos años, venimos acercándonos cada vez más y más a ellas, haciendo que las pantallas sean parte de nuestra rutina diaria, cada vez con mayor protagonismo, y todo ello a un ritmo vertiginoso. Aprendemos a diario a convivir con ellas. Sin embargo, no está de más reflexionar acerca de esta convivencia, tanto en el caso de las personas adultas, como en el caso de adolescentes y niños.
Hace 20 años, apenas comenzamos a tener nuestros primeros ordenadores en casa, y ahora, no nos separamos de nuestro teléfono móvil.
Sí que es cierto que la televisión ya lleva mucho tiempo en nuestras casas, que su evolución ha sido progresiva y que tanto la televisión como nosotros hemos ido adaptándonos poco a poco a ella. Desde la televisión en blanco y negro, y canal único, a la televisión en color, varias cadenas, y actualmente, a un gran número de canales, televisión digital y acceso a cientos de canales de todo el mundo.
La televisión se ha instaurado en nuestras vidas de manera progresiva y ha ido adaptando sus contenidos a nuestro modo vida y evolución como sociedad. Hemos tenido tiempo de poco a poco asimilar esta tecnología en nuestras casas. El ordenador también hace varios años que es algo usual en nuestra vida, aunque ha evolucionado de forma más rápida que la televisión, ya es parte sobre todo de nuestro trabajo. Sin embargo, lo que viene ocurriendo con los teléfonos móviles y el acceso a internet y redes sociales, es vertiginoso ya que se ha desarrollado de manera tan veloz que es difícil de asimilar y de adaptarnos correctamente a este cambio tan abrupto.
Cuando uno de mis pacientes ha acudido a mi consulta en esta situación ha sido muy duro para él/ella superar definitivamente la ruptura. Normalmente, la persona que toma la iniciativa de la ruptura en estos casos, es el otro miembro de la pareja. En algunos de los casos que he tratado, la decisión además se toma deliberadamente por parte de la otra persona, es decir, lo tenía pensado desde hace mucho tiempo y en un momento dado, da el paso para hacerla realidad. Es una de las situaciones más dolorosas para el miembro de la pareja que no espera para nada el planteamiento de la ruptura.
Hay parejas que son muy distintas entre sí, tienen gustos distintos, orígenes distintos, pero comparten su esencia, la manera de ver la vida, de crear un proyecto en común, a veces es incluso difícil de comprender porque escapa al análisis, o a la conceptualización, pero es un motor que mueve la relación y está por encima de todo lo demás. Una relación funciona o no funciona. Pasado el tiempo, aparecen otros aspectos muy importantes a la hora de que una relación sea estable como son la comunicación y la confianza. No me cansaré de repetirlo, sin comunicación, no hay relación, es de suma importancia y en muchos casos, es por dónde comienza a aparecer la pequeña grieta que finalmente se convierte en brecha irreparable por dónde se rompe la relación.
¿Se puede seguir amando a una persona que no te quiere?
Es complicado de responder, muchas veces, ya no sólo cuenta el amor, sino que aparecen otras cuestiones como la dependencia a la otra persona, la rutina, el miedo al cambio, la ruptura de ideales, los hijos, etc.
Como profesional de la psicología, en este ámbito, mi propósito y mi objetivo es inspirar a las personas para que den la mejor versión de si mism@s.
Ultimamente en nuestro Centro de Psicología estamos tratando varios casos de superación personal muy relacionados con la idea de progreso. Ya no sólo os hablo de progreso a nivel laboral, sino de progreso vital, general, un proceso que atañe a varias facetas de nuestra vida, y que en muchas ocasiones, cuando una persona se propone progresar, lo hace de manera global porque algo ha cambiado en su manera de pensar y de entender el mundo.
Ultimamente, observo en el marco empresarial cómo se están creando movimientos que instan a fortalecer los valores empresariales, transformar empresas, siempre desde un punto de vista ético, y de puesta en valor de ideales, en fin, de aprender, emprender y mejorar.
Me gusta la idea de poder trasladar esto al plano personal, psicológico y social, porque a partir del cambio en las personas, es cuando podemos dar el cambio también en el resto de aspectos de nuestra vida.
Por ello, hoy quiero hablaros de la importancia que tiene el sentirse bien consigo mism@, y cómo se mejora.
Transformar ideas, transformar personas
Nadie dijo que fuera fácil, pero poco a poco, con pequeños objetivos, siendo conscientes de todas las acciones que hacemos en nuestro día a día y con un poco de motivación, vamos a poder mejorar, sentirnos mucho mejor con nosotros mism@s, poner en valor nuestras virtudes y finalmente querer más y que nos quieran más.
El miedo a socializarse se manifiesta en personas que tienen temor a ser rechazadas por la sociedad, también en personas muy tímidas o introvertidas, o en personas que tienen gustos o aficiones distintos a la mayoría de las personas de su entorno social. También se da en personas que tienen un nivel de autoestima bajo ya sea por traumas o por situaciones vividas con anterioridad.
Manifiestan incomodidad o en casos extremos impotencia al enfrentarse a actos públicos, a hacer nuevos amigos, a tener relaciones de trabajo con normalidad, y por lo general presentan rubor, temblores, sudoración, imposibilidad para concentrarse, obsesión por no poder manejar la situación, etc.
No debemos confundir con situaciones puntuales a las que normalmente todos nos hemos tenido que enfrentar, como por ejemplo, cuando íbamos al instituto y teníamos en hablar en clase, que notabas que te ardía la cara de lo roja que la tenías, y no querías darle la mano a nadie porque la tenías chorreando de sudor… Si son situaciones puntuales que mal o bien, hemos ido afrontando y superando, todo es correcto. De hecho poco a poco la experiencia y la vida, nos va enseñando a superar las cosas y después de los años nos enfrentamos a situaciones que quizás hace tiempo serían impensables para nosotros.
En cualquier caso, para determinar cual es el origen de ese miedo a socializarse y por consiguiente, para poder superarlo tendremos que hacer un ejercicio de reflexión que nos permita ir más allá y descubrir las causas de este trastorno.
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