12 mitos y creencias falsas que afectan negativamente a nuestras relaciones sexuales

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A lo largo de la historia, la sexualidad humana y las relaciones sexuales se han contemplado desde muy distintas perspectivas. A raíz de la revolución sexual, que aportó una visión de la sexualidad como algo mucho más positivo y permitió una mayor tolerancia ante formas de sexualidad que antes no se consideraban como “normativas”, el tema de la sexualidad ha sufrido un trato muy interesante en las últimas décadas. Siendo un tema que hace unos años se consideraba como tabú (incluso a día de hoy sigue generando cierto pudor), en los últimos años se ha mercantilizado, poniéndolo bajo un enfoque en el que, en muchas ocasiones, se banaliza y se utiliza como forma de poder, de estatus social, como un producto, etc. Tal es así, que algunas veces llegamos a considerar el deseo como algo obligatorio, o a medir nuestra sexualidad en cantidad de relaciones sexuales, más que en calidad o en satisfacción con las mismas. Además de esto, seguimos adoptando un enfoque esencialmente coitocéntrico, ya que habitualmente pensamos las relaciones sexuales centrándonos fundamentalmente en lo genital, y asumiendo únicamente que éstas se corresponden con el coito, entendido como penetración. Por otra parte, también se podría decir que la perspectiva actual resulta pornográfica, en el sentido de que las partes relacional, emocional, afectiva y sentimental parecen haber perdido valor en pro del sexo por el sexo.     

 

Todo esto, ligado a la cultura de la que provenimos que atiende a la sexualidad como un tabú innombrable, hace que algunas personas no busquen información científica, verídica y certera sobre la sexualidad, pero sí sigan esta forma de mercantilización actual, acercándose a ella desde la perspectiva del mercado. Por ésta y muchas razones más, en este artículo queremos hablar de la sexualidad de una forma clara, ahondando en aquellas creencias populares y mitos respecto al sexo que han sido extendidas y mantenidas como paradigmas hasta el día de hoy a pesar de no tener fundamento, y que permanecen en la cultura popular afectando negativamente a nuestra satisfacción sexual.No se pueden tener relaciones sexuales con la reglaLa sangre menstrual no es más que la forma en que el tejido que recubre el útero, y que se ha ido engrosando y vascularizando en las semanas previas, sale al exterior al reiniciarse nuestro ciclo menstrual. Esto no modifica ni afecta, físicamente, al poder o no tener relaciones sexuales. Por este motivo, no hay nada que impida mantenerlas durante este período, más allá de los prejuicios propios o de la pareja, la incomodidad que pueda suponer para cualquiera de las personas implicadas, o la posible falta de ganas que puede aparecer en estos días del mes. Si a un hombre le gusta el sexo anal, es porque es homosexual     Es necesario hacer la diferencia entre la orientación sexual y las preferencias en cuanto a prácticas sexuales. La primera hace referencia a hacia quién nos sentimos atraídos de una forma física, psicológica, emocional, espiritual y/o romántica, mientras que la segunda se refiere a las actividades sexuales que nos gustan más o menos; así, cada persona puede sentir preferencia hacia determinadas prácticas sexuales con independencia de su orientación sexual. 

 

  • Si no se llega al orgasmo, no ha sido una relación sexual satisfactoria: La satisfacción sexual es una cuestión muy subjetiva, y no está en función del número de orgasmos, sino del criterio de cada persona. Recordemos que las relaciones sexuales son, fundamentalmente, una fuente de placer. Una persona puede disfrutar enormemente de todo el proceso sin tener la necesidad de llegar al orgasmo, de igual forma que otra persona puede llegar al orgasmo pero sentirse insatisfecha con la relación sexual en general. Recuerda que el orgasmo no es más que una de las fases que componen la respuesta fisiológica sexual humana, y no es la única con la que se puede lograr placer y satisfacción. 

 

  • Si no se produce un orgasmo durante la penetración, no soy capaz de tener relaciones sexuales completas. Este mito se corresponde con la falsa creencia de que la sexualidad, y más concretamente las relaciones sexuales, son sinónimo de “penetración”. En realidad, la penetración no es necesaria para lograr una satisfacción plena con la vida sexual, y es precisamente la propia satisfacción, el mejor criterio para calificar las relaciones sexuales de cada uno como “plenas” o “no plenas”.  

 

  • El placer me o nos lo tiene que dar la otra persona.  Las relaciones sexuales son una fuente de disfrute propio y compartido, eso es cierto. Sin embargo, la responsabilidad de mantener una sexualidad sana, de conocerse a uno mismo y de ser capaz de saber y decir lo que se desea, es personal. Por otra parte, el cuerpo es un elemento fundamental en las relaciones sexuales, y el cuerpo de cada uno no lo conoce, o no lo debería conocer,  nadie mejor que la propia persona. No podemos esperar que la otra persona lo adivine, conozca o sepa de antemano y por nosotros, lo que nos gusta y lo que no. 

 

  • Si se tiene pareja, no hace falta masturbarse. La masturbación es una de las primeras y principales experiencias sexuales de las personas, que resulta primordial, y permite el desarrollo sexual, el conocimiento del propio cuerpo, así como de los deseos y preferencias personales. Además, favorece el desarrollo de la imaginería sexual a lo largo de toda la vida de una persona. Por ese motivo, no es necesario ni recomendable dejar de hacerlo en el momento en el que se inicia una relación sentimental, ya que no son excluyentes. Masturbarse teniendo pareja no significa menor afecto hacia la otra persona, ni poca satisfacción con la vida sexual compartida. Es, simplemente, un momento individual que cada persona escoge como forma de autosatisfacción y de estar consigo mismo. 

 

  • Si mi pareja fantasea mientras tenemos relaciones sexuales, es porque no le atraigo. Las fantasías sexuales forman parte del proceso de descubrimiento personal de la propia vida sexual. Son únicas de cada persona, y tienen el aspecto positivo de permitir experimentar el desarrollo y las preferencias sexuales sin riesgos ni limitaciones. Además, favorecen el deseo y la excitación sexual. Por este motivo, el fantasear mientras se está con la pareja no es descabellado. A fin de cuentas, la excitación de la persona aumentará, favoreciendo el disfrute de las relaciones sexuales compartidas. Así pues, si piensas en otra persona mientras estás manteniendo relaciones sexuales con tu pareja, recuerda que la fantasía es una cosa, y la realidad es otra diferente. 

 

  • El hombre siempre quiere sexo.   El deseo sexual de las personas está influenciado por multitud de variables, como los estados emocionales, el estrés, los cambios hormonales, etc., que pueden aumentar o disminuir nuestra libido. Esto ocurre tanto en hombres como en mujeres. Por ello, factores como niveles elevados de estrés, cansancio, etc. pueden hacer que los hombres, al igual que las mujeres, no siempre quieran sexo. 

 

  • La relación sexual se acaba cuando el hombre llega al orgasmo. Si bien antiguamente se pensaba que finalizaba la interacción cuando el hombre eyaculaba, ya que se tenía la concepción de la sexualidad en un sentido finalista (sólo importa acabar), vinculada únicamente a la procreación, y en la que la parte activa, directiva y sabia era la masculina, a día de hoy tenemos una idea diferente de lo que son las relaciones sexuales. Esto es, una relación entre dos o más personas (a no ser que sea masturbación), en la que lo importante es el disfrute durante el proceso y en la que todas las partes pueden ser activas, responsables y conocedoras de sí mismas. Además, las relaciones sexuales no implican únicamente penetración, ni se centran sólo en los genitales. También existen las caricias, los besos, los masajes eróticos y un largo etcétera. Por ello, las relaciones sexuales no tienen por qué acabar cuando el hombre llega al orgasmo, sino cuando todas las personas implicadas lo decidan de forma consensuada. Si a la otra persona le gusta algo, es mi obligación hacerlo para hacerle sentir placerDefinitivamente, no. Las relaciones sexuales son una fuente de disfrute propio y compartido. Si una de las partes no se siente cómoda con lo que se está haciendo, no tiene obligación alguna de permitirlo. Lo idóneo es siempre comunicarse abiertamente con la pareja, tratando de comprender su punto de vista, pero no por ello siendo o sintiéndose obligado/a a hacer algo que le genera malestar. 

 

  • No es bueno decirle a la pareja lo que me o nos gusta y lo que no, porque se puede sentir ofendido o agredido. La asertividad es un estilo de comunicación en la que la persona que la emplea es capaz de defender sus propios intereses, opiniones y derechos a la vez que respeta los intereses, opiniones y derechos de los demás. Esto es perfectamente aplicable al ámbito sexual. De hecho, cuanta mayor asertividad sexual tiene una persona, más probabilidad tiene de lograr una mayor satisfacción sexual tanto propia como de la pareja. Por ello, ¡nunca tengas miedo de decir o compartir lo que te gusta y lo que no! El cuerpo de cada persona es único, y por tanto es muy improbable que alguien que no seas tú mismo/a lo conozca y lo sepa estimular adecuadamente si no se le indica cómo. 

 

  • Si es mi pareja de verdad, el sexo tiene que ser plenamente satisfactorio desde la primera vez.   Tal y como se explicaba en el mito anterior, el cuerpo de cada persona es distinto al de todos los demás. Además, el cerebro es el órgano sexual más potente, y a cada persona le gustan más unas cosas u otras. Por ello, no es realista pensar que una persona que no conoce tu cuerpo va a adivinar cómo estimularlo, y si no habéis hablado sobre sexo, tampoco va a saber qué te gusta y qué no.  Por otra parte, el mito de la “pareja de verdad” es otro mito añadido que viene de la perspectiva del amor romántico. Es lo que muchas veces hemos escuchado como “la media naranja”. No somos frutas incompletas que buscan el par adecuado para volverse un fruto completo. Somos personas completas, individuales y únicas con capacidad y responsabilidad para decidir si queremos o no que otra persona, igual de completa, individual y única, nos acompañe. 


En resumen: el órgano sexual más potente es el cerebro, y el más grande, la piel. Las relaciones sexuales son sólo una parte de la sexualidad de las personas, y están en función de sus experiencias, sus deseos, la sociedad en la que viven, etc., por lo que son tan variadas como personas hay en el mundo. No es un producto de mercado, ni tampoco un tabú. Es lo que somos, y por tanto es necesario cuidarlo y respetarlo. 

 

Ana Isabel Ponce

Referencias bibliográficas:

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